Como pavos votando a favor de la navidad

José M. Alarcón
José M. Alarcón
Gallego de Vigo, amante de la ciencia, la tecnología, la sociología, la música y la lectura. Ingeniero industrial y empresario. Fundador de Krasis, especialistas en e-learning. Autor de varios libros y cientos de artículos.

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Como pavos votando a favor de la navidad

Tengo un familiar lejano de origen latinoamericano que es emigrante en EEUU. Reside allí desde hace décadas, está nacionalizado y todos sus hijos nacieron allí. Cuando lo conocí -hace ya bastantes años- me sorprendió mucho ver algunas actitudes que mostraban tanto él como su mujer (de la misma nacionalidad). Era una sensación general de ser, como se suele decir, “más papista que el papa”. Me refiero a toda esa actitud que se traen muchos estadounidenses de sentirse el ombligo del mundo, creerse los más “modernos” y en la cresta de la ola pero al mismo tiempo ser extremadamente conservadores, etc… Si has conocido a unos cuantos sabrás perfectamente a qué me refiero porque te habrá tocado alguno así. Además eran fervientes votantes de los republicanos, cuyas políticas claramente desfavorecen a los pobres y las minorías. Están tan imbuidos en el sistema que hablan entre ellos en inglés en casa y sus hijos ni siquiera entienden el español. WTF?

Me imaginaba que era un caso extremo, quizá minoritario, pero aún así muy llamativo. Entiendo que puede ser duro llegar a un país nuevo y sentirte diferente, y que en EEUU todavía pervive mucho racismo, así que parece lógico tratar de mimetizarse. No obstante una cosa es mimetizarse y otra es soportar fervientemente a ese sistema, incluso en la intimidad, llegando a negar a tus hijos la gran ventaja que les ofrece el bilingüismo en un país donde las estadísticas sobre el idioma español son tan abrumadoramente favorables.

En realidad no es un caso tan raro y según las mismas estadísticas del censo de los EEUU, en 2010 sólo el 75,1% de los hispanos hablaban español en casa. O sea que ¡existen literalmente millones de familias así!.

Lo cierto es que no es un caso aislado y poco frecuente sino que se da mucho más de lo que pensamos, ya que se trata de un comportamiento inconsciente: ¿Cómo es posible que las minorías voten a favor de partidos que claramente les perjudican? ¿Y que en países en los que los hombres son extremadamente sexistas y misóginos la tendencia general entre las mujeres sea la de soportar ese mismo sistema que las oprime? ¿Que muchos miembros de minorías étnicas se crean y contribuyan a los estereotipos que existen sobre ellos? ¿Qué muchas niñas negras identifiquen a las muñecas blancas como las que son bonitas o más deseables?…

La primera reacción de cualquiera ante ejemplos como estos sería la de pensar: “Es de idiotas: ¿quién va a hacer algo así? ¿Quién va a ir en contra de sus propios intereses?”.

Los anglosajones, de hecho, tienen una expresión para este tipo de situación: “It’s like turkeys voting for Christmas”, que emplean cuando alguien hace algo que claramente va en contra de sus intereses, en especial cuando se trata de política.

Sin embargo lo cierto es que la gran mayoría de la sociedad actúa de esta forma. Veamos por qué.

La teoría de la justificación del sistema

Este tipo de actitud siempre me ha llamado extremadamente la atención y he procurado investigar y leer sobre ellas para tratar de entenderlas. Y todavía me cuesta. Sin embargo se trata de un tipo de disonancia cognitiva, al igual que el “Paradigma de conformidad inducida” del que ya he hablado anteriormente, y ha sido bastante estudiado durante la última década.

En el año 2004, el profesor John T. Jost de la Universidad de Nueva York y un par de colegas suyos de Virginia y Harvard publicaron un interesantísimo artículo en el Political Psychology Journal titulado “A Decade of System Justification Theory: Accumulated Evidence of Conscious and Unconscious Bolstering of the Status Quo”. Es largo (39 páginas) pero merece mucho la pena su lectura. En él detallan los motivos que generan la disonancia cognitiva que ellos denominan “Teoría de la justificación del sistema”.

Esta teoría de psicología social postula que la mayoría de la gente tiene motivaciones para impulsar, defender y justificar el statu quo, es decir, la situación política, social, cultural o económica en la que viven.

En el caso de los favorecidos por la situación es normal que estén a favor de un sistema que los convierte en privilegiados. Sus motivos son conscientes. En el caso de los desfavorecidos por la situación la cosa se complica.

Los modelos tradicionales de teorías de justificación de grupos se basan en dos dimensiones: el yo y los que son como yo. En esencia lo que dicen es que uno necesita aceptarse y gustarse a si mismo en primer lugar. Luego se traza un círculo que define al grupo de los que son como yo, normalmente en una única dimensión: los de mi raza, mi país, mis creencias… Ese grupo es el nuestro y es con el que estamos. Se tiende a favorecer a nuestro grupo aunque sea a costa de los que están fuera de éste. Todo esto ofrece una lógica bastante evidente, pero sin embargo falla y no nos sirve para explicar los comportamientos que acabamos de describir.

Jost y sus colegas hablan de una tercera dimensión más allá del grupo y el ego: La justificación del sistema, o lo que es lo mismo, la tendencia a que las cosas sigan como están que todos tenemos.

Como casi todo en la naturaleza, el cerebro humano tiende a funcionar siguiendo la ruta de menor resistencia, haciendo el menor trabajo posible. Por ello una manera sencilla de ver el mundo es basándose en estereotipos, en lugar de considerar en cada momento y para cada cuestión todos los razonamientos lógicos que deberíamos hacer. Así, el mundo funciona a base de estos estereotipos que nos ayudan a explicarlo de manera simple.

Como tenemos que poner en armonía las tres necesidades que tenemos (el yo, el grupo al que pertenecemos y el **sistema **en el que debemos vivir), la única forma de conseguirlo que tienen los que están en la escala menos favorecedora es creer en estereotipos que hacen que se justifique el sistema sin corromper la necesidad del ego y del grupo. Existen multitud de ejemplos: la creencia en que el esfuerzo es la única forma de llegar arriba (claramente no es así), la creencia en que el mundo es justo (y por tanto me merezco estar donde estoy, sea “arriba” o “abajo”), la ideología del libre mercado, el fundamentalismo religioso, el conservadurismo político…

En el caso de los emigrantes favoreciendo políticas muy restrictivas con la inmigración (generalmente de corte conservador), el estereotipo sería que los emigrantes son unos vagos que vienen a quitarnos el trabajo y a llenar de delincuencia el país. El razonamiento a partir de ese estereotipo en el caso de un inmigrante latino en EEUU podría ser:

  • Yo no soy ilegal (dimensión del “yo”).

  • Yo soy uno de los latinos buenos porque trabajo, no cometo delitos y pago mis impuestos (dimensión del “grupo”)

  • El problema por lo tanto no es el racismo, es la inmigración ilegal que nos traería a todos esos vagos y maleantes que no son como yo (justificación del sistema)

Así que votan a favor de cerrar aún más las fronteras y otras políticas contra las que que a priori deberían estar.

Es muy importante señalar que este tipo de razonamientos inconscientes ocurrirán a pesar de la plausibilidad de los argumentos que se esgriman: mientras el estereotipo esté suficientemente arraigado y por lo tanto el razonamiento pueda tener un mínimo sentido será suficientemente bueno para nuestro cerebro.

En definitiva, si el sistema permite de alguna manera que las personas mantengan su autoestima todos buscaremos una forma de racionalizar nuestra posición dentro del mismo, aunque sea inconscientemente, usando para ello estereotipos. Y esto es válido tanto para los que están “arriba” (que lo tienen fácil) como para los menos favorecidos por el propio sistema.

Y es por esto que los sistemas sociales y políticos, aunque sean injustos, no tienden a cambiar. Porque ni siquiera los oprimidos por éstos están realmente en contra. Es más, a veces pueden ser los que más lo apoyen. Sólo cuando las cosas llegan a limites insospechados y los movimientos minoritarios explotan se rompe el proceso de Markov y las cosas pueden cambiar.

Se trata de un tema muy complejo en el que hay mucho en lo que profundizar (remito al artículo de Jost como primer paso), pero merece la pena al menos ser conscientes de ello y tratar de interiorizarlo. A partir de ahora antes de tomar una decisión pensemos si la estamos tomando bajo la influencia de la justificación del sistema y si realmente el cambio que se produciría si todos dejásemos de apoyarlo sería tan grave como pensamos. Dejemos de lado la disonancia cognitiva que nos ayuda a sentirnos mejor y pongamos en marcha el pensamiento crítico. Es la única manera de lograr cambios.

En un próximo post me gustaría hablar de la relación de la justificación del sistema con la abolición de sistemas injustos, incluso el esclavismo, y cuánto influyó en mantenerlos o ayudar a derrotarlos. Me parece un tema de gran importancia y con lo que está pasando en todo el mundo desde hace años la verdad es que no paro de darle vueltas últimamente.

"The rationality of the ruled is always the weapon of the rulers." Zygmunt Bauman, Modernity and the Holocaust

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