Sobre el bono empresarial de inteligencia artificial del Gobierno de España
600 millones para que las pymes adopten IA, pero no con las herramientas que ya existen y funcionan. Mucho mejor crear una red público-privada, subvencionar servicios 'transformadores' y orientar el mercado desde arriba. Habrá que ver cómo termina. Porque como la IA va lenta, si algo necesita para avanzar es un buen sistema de ayudas públicas.
Ayer lunes, el presidente del Gobierno presentó "IA 360, plan para un despliegue responsable de la IA", una hoja de ruta con la que el Gobierno pretende, entre otras cosas, acelerar la adopción de la inteligencia artificial por parte de las empresas españolas y situar a España entre los países de referencia mundial en este ámbito.
Son solo 15 páginas que hablan un poco de todo y que darían para pararse bastante en muchos puntos, pero hoy voy a centrarme solamente en una de las medidas: el nuevo "Bono empresarial de inteligencia artificial" (punto 11, página 12).

La idea, resumida, es dedicar 600 millones de euros a ayudar a PYMEs y autónomos a implantar IA, con el objetivo declarado de alcanzar a 25.000 empresas. Eso sale a 24.000€ por empresa de media.
O sea, parece que van a dar dinerito a las PYMEs que se "transformen" usando IA. Pero no de cualquier manera, no, sino a través de una "Red NEURONA" que todavía no existe pero que describen literalmente como: "Una red público-privada y territorial, de centros de demostración y despliegue de inteligencia artificial ajustados a las características de la propia empresa. Apoyándose en la supercomputación avanzada, la empresa ve la inteligencia artificial funcionar en su sector, la prueba con sus datos y la despliega por suscripción, a menos de 50 kilómetros".
Pero la cosa se vuelve todavía más interesante al seguir leyendo. Porque el bono no servirá para financiar "simples" licencias o suscripciones de software. La pasta tendrá que destinarse a servicios que aporten "desarrollo, integración, conocimiento sectorial, tratamiento de datos o rediseño de procesos". Y aquí es cuando empiezo a arquear una ceja. O las dos.
Porque, obviamente, una PYME que todavía no esté aprovechando bien la IA difícilmente podrá transformarse utilizando herramientas estándar disponibles para cualquiera. Todo el mundo sabe que ChatGPT Work, Claude for Work, Copilot y compañía, bien implantados y utilizados por gente que sepa lo que hace, es imposible que transformen una empresa. No. Se ve que les falta un bonito envoltorio de administración pública por encima. Así que para trincar la pasta se necesitará un desarrollo específico, una integración específica, un proveedor específico y, por supuesto, todo ello a través de la infraestructura que está creando el gobierno para ello.
Sí, estoy siendo sarcástico 😉
Yo esto ya lo he vivido
A ver, ojalá me equivoque, pero todo esto me produce una desagradable sensación de déjà vu.
Vimos algo muy parecido hace poco con las ayudas para digitalizar PYMEs después de la pandemia. De repente apareció una enorme cantidad de dinero público destinada a conseguir que empresas que supuestamente necesitaban digitalizarse contrataran determinados productos (como webs o programas de gestión), con precios limitados, a proveedores homologados. Ya se sabía cuál iba a ser el resultado.
Para quienes trabajamos desde hace muchos años en el sector tecnológico era evidente: cuando introduces cantidades enormes de dinero subvencionado en un mercado que ya funciona, para forzar un comportamiento determinado, no solo ayudas a la demanda: también cambias el mercado. Y si hablamos de mucho dinero, lo cambias por completo y lo perviertes.
Empresas que nunca habrían comprado un servicio pasan a comprarlo porque es gratis o casi gratis. Proveedores que antes competían por calidad o especialización (o incluso precio), pasan a competir por acceder al mecanismo de subvención. Y los que deciden no participar descubren que están intentando vender por 5.000 euros algo que el competidor ofrece por cero. Y competir contra lo "gratis" suele requerir una estrategia comercial sofisticadísima o un milagro. Encima pagaron tarde (tardísimo), mal y a rastras y a muchos de los que entraron casi les cuesta el cierre. Un exitazo para todos.
Y tenemos otro ejemplo mucho más antiguo: la formación empresarial subvencionada y bonificada. Décadas de dinero público han terminado creando un mercado intervenido de facto, con dinámicas propias, proveedores especializados en gestionar ayudas y clientes cuya decisión de compra depende muchas veces más de la bonificación que de la calidad de lo que compran.
Por eso el Bono de IA me preocupa bastante más que otros proyectos públicos relacionados con la tecnología.
Si el Gobierno decide gastar dinero en desarrollar un modelo fundacional español y el proyecto sale bien, estupendo. Y si sale mal (spoiler: salió mal), podremos discutir si el dinero estaba bien empleado o no.
Pero cuando el dinero se va a dar ayudas directas, estamos hablando de algo muy distinto y más peligroso.
Con esto se están destinando 600 millones de euros a intervenir directamente en un mercado que ya existe, que está creciendo rápidamente y en el que ya hay consultoras, integradores, formadores y especialistas ayudando a empresas a adoptar inteligencia artificial.
Y 600 millones son muchos millones.
Quienes hoy se ganan la vida asesorando seriamente a empresas sobre cómo utilizar IA tendrán que decidir si entran por el aro, se acoplan al sistema que se diseñe y luego a cruzar los dedos. Y quienes no entren van a correr el riesgo cierto de tener que competir contra empresas cuyos servicios estarán parcial o totalmente pagados con dinero público y que serán, por lo tanto, gratis (o casi) para los clientes.
Podemos hablar sin parar de si está bien o no que el gobierno fomente la adopción de la IA o si las PYMEs españolas necesitan mejorar su productividad o si tiene sentido dedicar dinero público a ello. Pero, para mí, este punto perdido en el medio del documento es el verdadero quid de la cuestión.
Por que la cuestión es qué ocurre cuando la Administración decide no limitarse a incentivar un mercado, sino establecer además el mecanismo, los proveedores, los tipos de servicios financiables y, en la práctica, decidir el camino por el que debe producirse esa transformación.
Conviene recordar que los mercados no se quedan quietos mientras los subvencionan. Se adaptan al dinero y a los incentivos. Y luego quitar el dinero suele ser bastante más complicado que ponerlo.
Ojalá dentro de unos años pueda volver a este texto y comprobar que estaba completamente equivocado. De verdad. Pero, de momento, cuando veo 600 millones de euros buscando la manera de "transformar" 25.000 empresas mediante una red público-privada de IA y en poco tiempo, mi primera reacción no es pensar en inteligencia artificial: es pensar en incentivos.
Y los inventivos, como ya sabemos todos, suelen ser bastante más difíciles de programar que un modelo de lenguaje.

