Un autor y editor ante las descargas ilegales y la ley Sinde

José M. Alarcón
José M. Alarcón
Gallego de Vigo, amante de la ciencia, la tecnología, la sociología, la música y la lectura. Ingeniero industrial y empresario. Fundador de Krasis, especialistas en e-learning. Autor de varios libros y cientos de artículos.

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Un autor y editor ante las descargas ilegales y la ley Sinde

Aviso: este es un post largo, pero el tema lo merece. Aún así  me dejo muchas cosas en el tintero. Léelo cuando tengas al menos 15 minutos para dedicarle.

Antes de nada, sólo por encima, creo relevante para el post ponerte en antecedentes de mi experiencia en el mundo editorial.

Comencé a escribir artículos para revistas técnicas en el año 1996, cuando tenía 24 años. Más adelante, durante unos años, me dedicaba casi en exclusiva a esta actividad, de ahí que haya sido tan prolífico entonces, pues colaboraba con varias revistas del sector TIC todos los meses, para alguna de ellas con dos artículos.

Mi primer libro técnico, en la actualidad ya descatalogado, lo escribí un año después para la editorial Anaya Multimedia. Por entonces tenía más tiempo y menos soltura que ahora, por lo que le dediqué unas 15-16 horas al día (sin exagerar, literalmente me encerré) durante unas 6 semanas a terminar aquel libro. Luego vino la revisión de las galeradas, crear el índice alfabético con las páginas apropiadas y algún trabajo más adicional. El día que me llegaron los ejemplares de cortesía estaba realmente contento. Y es que el primer libro (y quizá el segundo) no lo escribes por dinero, sino por el placer de escribirlo y verlo publicado. Es el encanto del papel, de tener un ISBN, y de ir a una librería cualquiera y encontrártelo allí. Aún así, un poco de dinero por ese esfuerzo tampoco viene mal y desde luego es fundamental para decidirte a crear futuros libros.

En estos años he publicado unos cuantos más en varias editoriales y he sido co-autor o colaborador de algunos otros. En total 11 libros. También he escrito unos cuantos prólogos a petición de otros autores, y he revisado varios libros en castellano e inglés.

Desde 2007 en Krasis tenemos una editorial técnica, Krasis Press de la cual soy director y responsable de lo que se publica. Para KP yo mismo he escrito dos libros. Contamos entre nuestros autores con algunos de los más reputados expertos en tecnología Microsoft de habla hispana. Últimamente hemos empezado también a vender libros en inglés en EEUU, buscando escapar del micro-mercado de habla hispana, que es un poco descorazonador.

Es decir, se puede decir que tengo bastante experiencia en el sector, tanto como autor como editor, y en estos últimos 14 años mi vida ha estado ligada, con mayor o menor intensidad según la época, a este mundo del conocimiento escrito.

Actualmente colaboro esporádicamente con algún medio, pero me centro más en escribir para mis propios blogs o alguna publicación digital, puesto que tiene más interés para mi ahora que los medios en papel. En parte es por no tener la ilusión que me hacía ver mis textos publicados en papel, y porque el aliciente económico es muy pequeño.

Los motivos de la situación actual del libro técnico

Yo no puedo hablar de primera mano por otros nichos del sector editorial, pero sí puedo hablar con conocimiento de causa del nicho concreto de los libros técnicos. A medida que la década de los 2000 avanzaba he visto cómo las editoriales técnicas en castellano casi han desaparecido. Quitando Anaya Multimedia y RA-MA, apenas quedan editoriales que publiquen contenidos técnicos.

Existen muchos factores que se aúnan para esta situación. En mi opinión el motivo principal de la desaparición de editoriales técnicas es que son temáticas de nicho en las que es difícil vender cantidades grandes en corto tiempo.

Y lo de "corto tiempo" no es caprichoso, ni es por la avaricia de ganar mucho rápidamente, es porque los libros técnicos tienen un periodo de vida corto, puesto que enseguida salen nuevas tecnologías que los convierten en obsoletos. En la mayoría de los casos no supera los dos años, pero hay otros casos en los que en unos meses sale una nueva versión de la tecnología y hay que tirar con el stock de los anteriores.

Una particularidad de estos libros es que maquetarlos es más laborioso y, por tanto, más caro que hacerlo con una novela o un libro en el que predomine el texto.

Si tienes distribución en librerías debes hacer tiradas relativamente grandes para asegurarte de que están en las estanterías de muchas de ellas. La impresión Off-Set es cara para tiradas pequeñas. Si vendes directamente (como es nuestro caso), gracias a los avances de la tecnología de impresión bajo demanda (ODP), en los últimos años se ha hecho viable hacer tiradas cortas a precios razonables. Así el problema de la inversión inicial es menor, pero llegas a menos sitios.

En caso de estar en librerías, hay algo que mucha gente no sabe pero la distribución se lleva como mínimo el 55% del PVP. A veces más, sobre todo si eres una editorial pequeña. Las librerías, de ese 55% se quedan al menos el 30%, siendo un 40% o más en el caso de las grandes cadenas. Además pueden devolver los libros a la editorial por cualquier motivo (por ejemplo, que llegue la navidad y quieran meter otras cosas en su espacio de estantería), por lo que si te devuelven los libros "te los comes con patatas".

El 10% sobre los ingresos de la editorial es el estándar del sector en derechos de autor. Recuerdo que alguna vez me tienen dicho: "Venga, te compro un libro y me invitas a un café", a lo que yo respondía "No, mejor te regalo yo el libro y me invitas tú al café. Ganaré más". Para evitar esta situación humillante, **nosotros a nuestros autores les pagamos el 20% del PVP **(no de los ingresos netos, ojo), lo que supone varias veces más que lo habitual en el sector 😃

A nada que seas un poco listo y hagas cuatro números te das cuenta de que, restando todos los costes de pre-producción, impresión, distribución, personal implicado, promoción, etc... los libros técnicos no dan mucho dinero a ningún promotor del mismo, o sea, ni al autor ni al editor.

El editor, al arañar un poco de cada libro, al final puede ganar algo, pero al autor generalmente no le compensa económicamente. Y lo saben/sabemos. Lo primero que le digo a nuestros autores cuando nos planteamos la posibilidad de trabajar conjuntamente en un nuevo libro es: "No pienses en ganar mucho dinero con esto. Ni siquiera en que las ventas te cubran una fracción de las horas empleadas en escribirlo, a tu tarifa estándar". Es mejor saberlo de entrada.

Son los intermediarios los que se llevan la mayor parte de la tarta y es a quiénes realmente amenaza Internet. Y no, por intermediarios no me refiero a las editoriales que muchos parecen incluir en el "pack". Efectivamente **una editorial **representa un paso intermedio entre el productor y los consumidores, pero aporta un valor fundamental tanto a los autores como a los compradores. En el caso de los primeros, muchos libros técnicos serían realmente malos si no fuese por la existencia de un editor que orienta a los autores, revisa y adapta los contenidos, les da una forma agradable, diseño y por supuesto promoción. En el caso de los lectores la editorial puede ejercer para ellos una función de "conservador", de filtro de las obras y garante de que al menos tendrán una temática apropiada y una buena calidad. El que compra nuestros libros y nos conoce confía en que adquiere algo de calidad.

Todos estos son los motivos por los que en Krasis Press abandonamos la distribución a librerías a los 6 meses de arrancar, la impresión Off-set al año, y ahora hacemos venta directa y repartimos más con los autores de lo que es habitual en el sector.

Aun así, teniendo en cuenta el número de ejemplares que se pueden vender de un libro técnico, es un negocio difícil de mantener. Lo tenemos porque somos unos "frikis de tomo y lomo" y nos gusta hacer este tipo de libros, y además se complementa bien con nuestra línea de negocio de formación on-line.

Las descargas ilegales de libros

Seré breve en este punto: Cuando alguien se descarga un libro técnico sin pagarlo lo que debería pensar es que, sin lugar a dudas, está abonando el campo para que en el futuro ese mismo autor y editorial no lancen nuevos libros. Es pura miopía: por no gastarse unos pocos euros probablemente no tenga oportunidad de descargarse en el futuro otros libros de la misma calidad porque, sencillamente, no existirán.

No obstante, ojo, no soy tan hipócrita como para decir que la piratería de libros tiene la culpa de que no se vendan libros técnicos. Ni mucho menos. Pero todo ayuda. Por lo tanto no la queremos ni la debería querer ninguno de los que realmente valora nuestras obras.

piracy-is-not-theft Original: NYNerd

Las descargas legales de libros

Desde hace poco nuestra editorial ofrece la posibilidad de adquirir algunos de los libros del catalogo en formato PDF además de en papel. No los vendemos en formato eBook (EPUB  o MOBI) porque al ser libros técnicos no son adecuados para leer en este tipo de dispositivos (6'' es el tamaño habitual de pantalla) debido a los gráficos y a los listados. El que tiene un iPad o usa el ordenador lo lee en PDF mucho mejor.

Voy a ser sincero: lo hacemos porque lo demanda el mercado, pero no porque a mi me guste especialmente. El motivo es la posible piratería de los mismos. Si ya vendemos poco por la temática imagínate si los libros están circulando por ahí.

Aún así los PDF que vendemos no tienen DRM. El motivo es filosófico: no nos parece justo que si te compras un libro digital no puedas hacer con él lo mismo que harías con uno físico, es decir, fundamentalmente leerlo cuando y donde quieras. Pero claro, lo mismo aplica en el otro sentido de la relación, que debe ser justa para nosotros también. Por ello lo que no queremos es que los PDF aparezcan colgados en Internet o en redes P2P, pues evidentemente dañaría nuestro (pequeño) negocio. Para evitarlo optamos por una solución salomónica: los libros **no llevan restricciones a su uso, pero van marcados de manera que quedan atados a su comprador **de manera inequívoca. Aparte de una marca de agua con los datos personales del comprador en todas las páginas, incluyen información inequívoca dentro del propio texto del documento, con técnicas esteganográficas desarrolladas internamente en la empresa. De esta forma, si el libro aparece colgado por ahí podemos saber exactamente quién lo compró y tomar las medidas oportunas, aunque haya retirado  las marcas de agua. Incluso si el libro se imprime desde el PDF o se re-digitaliza podemos seguirlo hasta la fuente. Da igual que mientan en el nombre: como el libro se compra con tarjeta de crédito y no admitimos tarjetas falsificables (sólo admitimos pagos verificados Verified by Visa y MasterCard SecureCode que son no-repudiables y seguros para nosotros y el comprador) siempre se puede llegar al comprador original.

Personalmente me revienta tener que usar este tipo de medidas. Es cómo criminalizar al comprador, decirle que no nos fiamos. Pero como casi todo en la vida, por unos pocos pecadores pagan la gran mayoría que son los justos. También soy de la opinión de que nuestros compradores lo comprenden perfectamente y que si su uso del PDF adquirido va a ser razonable seguro que les parece bien.

Créeme cuando te digo que llevo mucho tiempo pensando en cómo regalar todo lo que tenemos (cursos, libros...) y aun así hacer dinero para que todos cobremos por nuestro trabajo y podamos vivir de él. Tanto he investigado y aprendido sobre el tema, que ya he tenido ocasión de hablar públicamente sobre ello en dos ocasiones. Sin embargo en España y para los contenidos técnicos lo encuentro imposible.

El proceso para lanzarnos a la venta digital

Antes de lanzarnos a vender los PDF hicimos varios experimentos para ver cómo respondía la gente a este tipo de formato electrónico.

España es un país donde, generalmente, antes de pagar por algo nos lo pensamos muy mucho y buscamos la manera de "zafarnos". Está imbuido en nuestra cultura. ¿Por qué te crees que aquí hay barreras para entrar en el metro y en Alemania y otros países no?. Nuestro otro gran mercado, que debería ser Latinoamérica, es todavía peor porque aparte de compartir esa parte de la cultura con nosotros tienen además (y por desgracia) menos poder adquisitivo. Así que el pirateo de todo lo que es digital está al orden del día en el mundo de habla hispana.

El primer experimento fue hace algo más de un año. Mi último libro de ASP.NET 4.0 lo colgamos en Scribd listo para ser leído en la pantalla gratuitamente. Es posible leerlo las veces que quieras y como quieras, pero siempre en Scribd; no podías descargarlo. Dentro del libro se recordaba dónde podía adquirirse en papel si lo querías. ** Resultado del experimento**: más de 1.000 lecturas en las primeras 24 horas, casi 29.000 en total en el momento de escribir esto, decenas de comentarios alabando al libro pero preguntando "¿Donde me lo descargo?", e incluso algún insulto por ponerlo gratis pero no dejar descargarlo... En cuanto a las ventas: 257 ejemplares vendidos. Un fracaso hasta para un libro nuestro. Conclusión: lo gratis nos resultó contraproducente. Menos mal que ya habíamos vendido previamente a la propia Microsoft un número importante de ejemplares y nos podíamos permitir el experimento.

El segundo experimento, este verano, consistió en ofrecer gratuitamente en nuestra tienda un mini-libro sobre una tecnología emergente llamada OData que amablemente ofreció nuestro autor (y amigo) José Miguel Torres. En este caso nos servía para probar en la realidad nuestro sistema de protección de los PDF, aunque la parte del tracking quedaba tarada de forma importante porque no se paga con tarjeta de crédito por ser gratuito. No había truco más allá de esto: te lo podías bajar gratis y tener una referencia en PDF siempre a mano. Resultado del experimento: medio millar de descargas (lo cual no está mal para algo tan aburrido) y decenas de "compradores" llamados Mickey Mouse, ashgdfhuh ajshajsh, y similares. Es que ni siquiera para que les regalen está mucha gente dispuesta a pagar aunque sea con sus datos. Eso sí, perfeccionamos el sistema de tracking, pulimos algunos *bugs *y sacamos dos variaciones del mismo durante el experimento. A nosotros nos valió de mucho.

Todo esto nos reafirma en que vamos por buen camino, que la gente está interesada en contenidos digitales, pero que muchas personas simplemente no quieren pagar por los contenidos. Ni un euro ni 10 ni 15. Cero.

Por los motivos de costes expuestos en el apartado anterior no es viable para una editorial técnica o de nicho el poder ofrecer libros en formato electrónico a 3 o 4 euros de precio. Como mucho es posible ofrecerlos a un 70% del precio de uno en papel que ya se venda sin intermediarios (como es nuestro caso), pues como he demostrado lo de menos es la impresión, sino los otros gastos que se han de dividir entre un número pequeño de copias. Y aún así, como ya digo, de todos modos mucha gente no pagaría ni eso.

A estas aturas es cuando siempre me sale alguno con lo de "hay que innovar y sacar algo diferente", sin aportar por cierto ninguna idea realista al respecto. A lo que yo respondo: Sí, hay que innovar, y nosotros lo hacemos constantemente, pero en un mercado de nicho como el nuestro los proyectos que se pueden emprender, debido a los costes, son pocos. Alguna novedad al respecto lanzaremos en los próximos meses. No obstante lo que es indudable es que, por mucho que innoves, hay una gran masa de la población que no está dispuesta a pagar por nada digital o en Internet.

La ley Sinde

Como creo que es más que evidente a estas alturas, no estoy de acuerdo con la puesta a disposición de todo el mundo del trabajo intelectual de otras personas. Es decir, no me gustaría ver nuestros libros colgados en las páginas conocidas de descargas ni en las redes P2P. Por supuesto que no. Es una falta de respeto hacia el autor de la obra, y una apuesta segura para que esos autores y la editorial en el futuro no publiquen más libros.

De hecho creo que este tipo de sitios pueden acabar con la industria del libro mucho más que con la del cine o la música, que son los que se quejan de manera más pública y tienen el poder de presionar como hemos visto. Esto puede sonar duro, pero el cine español no me da ninguna pena: no han sabido adecuarse a los gustos de la gente (hay cientos de películas extranjeras con buen guión y bajo presupuesto que me dan la razón) y además es un sector ampliamente subvencionado, es decir, que ya lo pagamos todos. Los músicos ganan más que nunca con los conciertos y tienen a la SGAE atracando a mano armada en las fiestas de los pueblos. Los autores de libros técnicos no tenemos ni la triste posibilidad de ingresar dinero por charlas y conferencias, ya que en nuestro sector raramente se pagan, por desgracia.

Y a los que dicen que las páginas de descargas están ahí por el altruismo de unos pocos, que quieren difundir la cultura les digo: "¡Ja!, ni de broma". Están, como todos, para ganar dinero, sólo que ellos lo ganan (y mucho) a costa del trabajo de los demás de manera parasitaria. Aunque los datos  del enlace anterior no considero que sean muy exactos, seguramente ganan más que la mayoría de las editoriales técnicas.

Ahora bien, a pesar de todo esto, no estoy de acuerdo con lo que propugna la llamada Ley Sinde y me alegro de que no la hayan aprobado. Aunque sí que entiendo el espíritu de la misma, no puedo admitir que se pueda ordenar el cierre de una web porque lo diga una comisión y no un juez, sin que medie proceso judicial y no administrativo. Eso es lo más próximo a la censura en pleno año 2010.

Me parece bien el espíritu de "retirar los contenidos que vulneren derechos de propiedad intelectual por parte de un prestador con ánimo de lucro, directo o indirecto, o de quien pretenda causar un daño patrimonial" pero esto, mal implementado y con un control de vaya usted a saber quién, puede crear muchas injusticias.

Me preocupa especialmente que la Ley no sólo habla de las página web con enlaces de publicidad, sino que menciona "servicios de la sociedad de la información" lo que incluye muchas otras cosas, que quedarían a merced de esta comisión extra-judicial para cerrar incluso aplicaciones a su antojo, y que podría tener entre sus miembros  (y seguramente tendrá si se aprueba) a gente que tiene intereses en los sectores implicados. Incluso en muchos casos se podrían bloquear sitios enteros por contener unos pocos archivos ilegales "subidos" por usuarios y no por sus responsables, o hacer que Telefónica y compañía bloqueen el acceso a webs en el extranjero si consideran que los contenidos son ilegales.

En la página DerechoEnRed tienen un análisis interesante de la ley, con unas preguntas frecuentes sobre la misma que merece la pena leer. He dejado esta página, destacando con Diigo las frases a mi juicio más relevantes, aquí. Dedícale un par de minutos a ver al menos los resaltados. Son muy reveladores.

Esto no puede ser. Estoy de acuerdo con que se denuncie a los infractores y que siguiendo el curso judicial se puedan llegar a cerrar estas páginas. Sé que esto podría perjudicarme como empresario editorial y como autor porque la justicia es lenta, pero creo que en lo que hay que invertir es en agilizar la justicia, no en crear pseudo-censores que son una caricatura de la justicia.

Si realmente les importara la cultura como dicen, y no el lobby al que pertenece la ministra y que tantos réditos políticos les proporciona gracias a su impacto mediático, entonces por ejemplo jamás aprobarían la privatización de los ISBN y que éstos empiecen a costar dinero. Esto es algo que acaban de hacer y de lo que nadie ha hablado, y desde luego no ha venido ningún Alejandro Sanz o Javier Bardem de turno a protestar por ello.

Siempre se ha puesto el grito en el cielo con la descarga de películas y música, pero de otros sectores más afectados todavía como es el del software o, como hoy he escrito, el de los libros técnicos no se dice nada. En mi opinión están más amenazados.

Me duele decir todo esto de un gobierno supuestamente progresista, algo que siempre me he considerado yo mismo, pero estoy de acuerdo con Josep Ramoneda cuando dice que "la ley Sinde ejemplifica la carencia de rumbo del gobierno".

Para terminar, espero que haya quedado claro que estar en contra de la Ley Sinde no supone estar en contra de la cultura o a favor de la piratería. Ni mucho menos.

Al menos creo que he sido claro y he hablado con conocimiento de causa, no como otros que hablan de lo que leen mientras dicen una cosa y hacen otra.

¡Saludos!

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